Tropezar en los momentos decisivos se ha convertido casi en una costumbre del equipo moderado de Jerusalén, Hapoel Jerusalén. No hay otra explicación convincente para la dura derrota sufrida el miércoles en el Estadio Turner de Be’er Sheva, un partido que abrió un túnel de diez días decisivos y arriesgados para el club.
En lugar de volver al discurso previsible que pide la destitución del entrenador, conviene plantear una pregunta más incómoda: ¿cómo puede un cuerpo técnico tan amplio fallar a la hora de ayudar a Ziv Arie a tomar las decisiones correctas? El problema ya no parece limitarse a la banda, sino al sistema que debería sostenerlo.
¿Quién Ayuda Realmente a Ziv Arie en el Banquillo?
Un simple vistazo al banquillo revela a numerosos miembros del cuerpo técnico, todos con carpetas y cuadernos, escribiendo sin parar. La escena se asemeja más a un aula universitaria que a un partido de liga. La pregunta es inevitable: ¿a quién beneficia todo esto?
La responsabilidad recae en primer lugar sobre el asistente técnico Lior Zada, señalado como el más caro de la historia del club. Arie, al igual que muchos de sus jugadores, está claramente inmerso en una tormenta humana y profesional. Precisamente en estos momentos es cuando el cuerpo técnico debería intervenir, orientar y aportar estabilidad.
Desde un punto de vista racional y analítico, muchas de las decisiones tomadas durante los partidos resultan difíciles de justificar. No se percibe un apoyo concreto al entrenador. La insistencia en mantener a Guy Badash en el once inicial es el ejemplo más claro. El centrocampista atraviesa una etapa muy negativa, aporta poco en defensa y solo se mueve cuando el balón está en sus pies, incluso entonces con escasa eficacia.
Otro momento clave ante Be’er Sheva llegó pese a un inicio tácticamente muy sólido. El lateral Ofek Nadir, que había mostrado destellos positivos en encuentros recientes, estuvo esta vez completamente fuera de ritmo. Cometió varios errores graves que por poco no terminaron en gol.
Era el momento exacto para una sustitución temprana. Introducir a Yinon Eliyahu y desplazar a Agbadish al lateral izquierdo, o apostar directamente por Harel Shalom, podía haber corregido el problema. No fue casualidad que los goles posteriores llegaran precisamente por ese costado.
El segundo gran error volvió a ser el cambio de un central al descanso, lo que provocó un colapso defensivo total. La relación tensa entre Domgjoni y Ziv Arie ya ha sido ampliamente documentada. Una separación en enero podría beneficiar a ambas partes. Aun así, no queda claro qué esperaba Arie obtener del jugador tras tantos episodios.
La situación del central Noam Malmud es igualmente enigmática. De ser un titular indiscutido pasó a quedar fuera de la convocatoria, superado por dos jóvenes. La lógica de esta decisión es incierta, al igual que el papel que se espera de él en el futuro.
Son precisamente estos los momentos en los que el cuerpo técnico debería haber ayudado al entrenador.
¿Atraviesa el Hapoel Jerusalén una Crisis Mental?
No menos preocupante es el fenómeno que empieza a aparecer en el Hapoel Jerusalén: discusiones abiertas entre jugadores durante los partidos, lideradas por Ofek Nadir, con gritos y gestos de frustración. Esto exige una intervención inmediata, de lo contrario el deterioro puede extenderse por todo el plantel.
Los únicos puntos positivos han sido el mediocentro defensivo John Otomao, que apareció de forma inesperada, y el portero Nadav Zamir. Sin embargo, el rendimiento individual no compensa fallas estructurales profundas.
Con un duelo decisivo ante el Maccabi Tel Aviv este sábado, el Hapoel Jerusalén espera corregir rápidamente estos problemas antes de que el túnel se vuelva aún más oscuro.


