El caso del “barrendero”, que estalló esta semana en torno al equipo moderado de Jerusalén, Hapoel Jerusalén, ha reabierto el debate sobre cómo debería reaccionar el club ante esta crisis. Según informaciones publicadas por la prensa, el entrenador Ziv Arye habría dicho presuntamente durante una reunión del equipo al mediocampista marfileño Cedric Don que, sin él como entrenador, sería un “barrendero”. La acusación fue negada de forma clara y contundente por el club.
En mi opinión, esta situación coloca al club ante un número muy limitado de posibles caminos.
Una de las opciones, según mi análisis, sería una respuesta legal firme mediante la presentación de una demanda de gran envergadura contra los medios que difundieron la información. Este paso podría interpretarse como la forma en que Hapoel Jerusalén y Ziv Arye buscan responder a lo que consideran una publicación errónea y al daño reputacional causado.
Otra posibilidad, al menos en el plano teórico, sería un fuerte terremoto interno, que incluiría la salida de Ziv Arye junto con el director ejecutivo Uri Sharetzki, el director deportivo Shai Aharon, el portavoz del club Matan Avraina y todo el comité directivo. Este escenario parte de la premisa de que el desmentido oficial del club no bastaría para calmar la presión de la opinión pública.
¿Queda algún camino intermedio tras el desmentido?
Tras el desmentido amplio emitido por Hapoel Jerusalén y respaldado por toda la cúpula del club, resulta difícil, a mi juicio, identificar una solución intermedia realista.
Para dejar clara mi posición, otorgo plena confianza al comunicado del club en el que se afirma que esas palabras no fueron pronunciadas. Si esto es así, considero necesario adoptar medidas firmes para afrontar el daño significativo provocado por la publicación, tanto en el plano reputacional como en el económico, especialmente tratándose de un club propiedad de sus aficionados y comprometido con valores contra el racismo y a favor de la tolerancia.
Una acción judicial podría permitir que Hapoel Jerusalén traduzca su postura declarada en hechos concretos. Al mismo tiempo, sería razonable esperar que Cedric Don, Ziv Arye y la máxima autoridad profesional del club, Shai Aharon, se pronuncien públicamente para afirmar que el episodio presuntamente ocurrido nunca tuvo lugar.
Mientras esto no suceda, una pesada sombra seguirá proyectándose sobre el club, agravando aún más su frágil situación en la tabla de la liga.
¿Qué hay detrás de la filtración del caso del “barrendero”?
Desde mi punto de vista, la forma en que la historia llegó a los medios apunta a dos posibles intereses en juego. El primero es de carácter económico, una presunta tentativa de acelerar la venta del jugador en la próxima ventana de transferencias de enero. El segundo es una profunda tensión interna entre el entrenador y varios jugadores experimentados del plantel.
No parece casual, en mi lectura, que los jugadores fueran convocados esta semana, precisamente el domingo, su día libre, a la reunión en la que presuntamente se hicieron las declaraciones. El objetivo habría sido sacudir a los jugadores clave, cuyo rendimiento ha sido decepcionante desde el inicio de la temporada. Según los informes, el entrenador no escatimó críticas, especialmente en el contexto del descontento de algunos futbolistas con sus roles en el equipo.
Reuniones similares se han llevado a cabo en años anteriores sin que nada trascendiera a la prensa, lo que hace razonable suponer que la intención inicial era provocar un cambio positivo.
¿Qué decisiones enfrenta ahora la dirigencia de Hapoel Jerusalén?
Sin embargo, la forma y la magnitud de la publicación han creado, a mi entender, una nueva realidad que deja al descubierto una profunda fractura en el vestuario entre entrenador y jugadores. Como resultado, el club podría verse obligado a tomar decisiones difíciles y valientes que prefería evitar.
Hasta hace poco, la dirigencia sostenía que la ventana de enero no era adecuada para cambios drásticos en la plantilla y que la mejora podía lograrse con la incorporación de uno o dos jugadores. A mi juicio, esta evaluación ya no es suficiente.
Dos caminos se presentan. El primero sería ceder a la presión de los jugadores más experimentados y destituir a Ziv Arye, con la esperanza de que un nuevo entrenador logre cambiar la dinámica, una opción que la directiva ha rechazado con firmeza hasta ahora. El segundo sería una reestructuración audaz, con la contratación de cuatro o cinco jugadores de alto nivel y costo elevado, junto con la salida de varios veteranos en enero.
En cualquier escenario, incluso con un alto costo financiero, el club no debería, en mi opinión, rendirse a presiones que presuntamente provienen desde dentro.
Paradójicamente, la turbulencia que rodea a Hapoel Jerusalén podría convertirse en una oportunidad para cerrar filas y reafirmar la identidad del club, quizá comenzando con un partido clave en Netanya.


