Historia Viva en la Tumba del Rey David

El recorrido hacia la Tumba del Rey David en el Monte Sion, en Jerusalén, conecta tres religiones y llena el alma de una historia viva

El camino hacia la Tumba del Rey David en el Monte Sion convierte a Jerusalén en un relato vivo. La escena se abre como una película histórica: al fondo aparece la Puerta de los Leones, la misma por la que avanzaron los paracaidistas israelíes en 1967 rumbo a la Ciudad Vieja. Las piedras rectangulares, de tono anaranjado, siguen absorbiendo pasos hasta hoy – judíos, musulmanes y cristianos.
Jerusalén es una ciudad creada para contener a las tres religiones.

¿Cómo es caminar entre religiones rumbo a la Tumba del Rey David?

Familias que celebran bar mitzvá en Jerusalén avanzan desde la Tumba del Rey David hacia el Muro Occidental. Caminan cantando, acompañadas por shofares, tambores, trompetas y flautas. La alegría judía fluye junto al sonido de las campanas de las iglesias, que anuncian sin cesar las celebraciones cristianas. Campanas que guían a turistas y peregrinos hacia iglesias antiguas, en pleno periodo navideño y a las puertas de la víspera de Año Nuevo.

Todo esto ocurre en una sola ciudad que, desde una perspectiva geológica, revela sus capas como una página abierta: suelo de tiempos antiguos. Texturas de tierra sobre las que se levantan sinagogas, tumbas de reyes, mezquitas e iglesias.

Caminar hacia la Tumba del Rey David no es solo un trayecto físico. Es un movimiento entre identidades, religiones y pueblos. Los carteles del camino intentan tender puentes entre tensiones. En el mismo cartel se indica cómo llegar a la sala de la “Última Cena” de Jesús con sus discípulos – y también cómo llegar a la Tumba del Rey David.

A lo largo del recorrido, carros de vendedores árabes ofrecen pañuelos, especias y recuerdos. El comercio cotidiano se mezcla con la sacralidad, y lo ordinario se encuentra con lo sublime. La sensación es casi surrealista – Jerusalén funciona al mismo tiempo como sitio turístico, centro religioso activo y espacio de vida denso.

¿Qué siente el visitante al entrar en la Tumba del Rey David en el Monte Sion?

Entrar en la Tumba del Rey David crea un momento de pausa, respiración y gratitud por alcanzar a una figura fundamental de la cultura histórica. David, el pastor de Belén que se convirtió en rey, el poeta que escribió los Salmos, el guerrero que pasó a ser símbolo de fe, arrepentimiento y humanidad. Según la tradición, el propio Rey David fue enterrado en el Monte Sion, y la zona también se asocia a tumbas y relatos vinculados al Rey Salomón y a otras figuras de la Casa de David.

En un instante íntimo, con la mirada puesta en la menorá y la antigua mezuzá de la entrada, los peregrinos ingresan y se saludan diciendo “Feliz Navidad”. Es una escena extraña y casi irreal. El aroma de los perfumes se mezcla con el incienso que asciende desde las iglesias cercanas. Todos comparten el mismo espacio.

Cuando la tumba se revela, la sensación es casi irreal. Como si la Biblia se hubiera abierto y arrastrara al visitante a una narración antigua de reinos, destrucción y renacimiento. Jerusalén, al entrar en 2026, recuerda que esta ciudad no es solo pasado, sino un presente vivo – ruidoso, complejo y asombroso.

Al salir de la Tumba del Rey David y del Monte Sion, la conclusión se vuelve clara: Jerusalén no nos pide elegir una sola historia. Las coloca todas una junto a la otra y nos invita a escuchar, comprender y contener. Entre la Puerta de los Leones y las campanas navideñas, entre un bar mitzvá y un salmo, la ciudad sigue escribiéndose cada día, llevando los cantos de pueblos y naciones, pero siempre regresando al estribillo inolvidable: “David, Rey de Israel, vive y permanece”.