Equipos de fiscalización de la Administración Civil en Judea y Samaria demolieron la mañana del miércoles un gran complejo industrial en la localidad de Anata, situada al noreste de Jerusalén, a lo largo del trazado previsto para la Carretera del Tejido de la Vida. El proyecto busca conectar Jerusalén con Maale Adumim y crear una continuidad territorial israelí entre ambas zonas.
El complejo fue construido sin permisos e incluía un edificio industrial de dos plantas, una fábrica de procesamiento de metales y amplias áreas utilizadas para el almacenamiento de materias primas, entre ellas chatarra metálica y vehículos retirados de circulación. Según fuentes palestinas, en la instalación se invirtieron millones de shéqueles y servía como sustento para decenas de personas.
¿La demolición en Anata acelera la Carretera del Tejido de la Vida?
La demolición constituye el paso más significativo hasta ahora en la implementación del ambicioso proyecto de transporte al este de Jerusalén, en dirección a Maale Adumim. El proyecto, que ha enfrentado una fuerte oposición palestina e internacional, fue puesto en marcha por la Administración Civil en agosto de 2025, con la emisión de órdenes de demolición contra estructuras construidas sin autorización en localidades situadas a lo largo del eje entre Jerusalén y Maale Adumim, utilizadas con fines agrícolas e industriales.
El proyecto se compone de tres elementos principales: la propia Carretera del Tejido de la Vida, una nueva vía de acceso que conectará el área de E-1 con Maale Adumim y Jerusalén; la modernización del Anillo Oriental; y sistemas viales adicionales. Se espera que la carretera reduzca la congestión en la Ruta 1, mejore el flujo de tráfico para los israelíes y permita una circulación más fluida para los palestinos sin pasar por puestos de control.
El proyecto también incluye el nuevo Intercambiador de los Olivos, que conecta la Ruta 1 (Jerusalén–Mar Muerto) con el túnel del Monte Scopus, proporcionando acceso directo a Maale Adumim y al intercambiador Ben-Zion Netanyahu. Puentes, rampas y viaductos forman parte del plan para separar los flujos de tráfico.
¿Reduce riesgos de seguridad o profundiza la división política?
Aprobado por el gobierno en marzo del año pasado, el proyecto pretende, según las autoridades israelíes, reducir la fricción entre israelíes y palestinos en las principales carreteras y, con ello, disminuir el riesgo de ataques. Este argumento se apoya en incidentes previos, incluido el atentado a tiros de febrero de 2024 en la Ruta 1, en el que murió Matan Elmalih y resultaron heridos siete israelíes.
Los palestinos consideran el proyecto una “carretera de asentamientos”, destinada a reforzar la conexión entre asentamientos y aislar las ciudades palestinas que rodean Jerusalén. Según su visión, forma parte de una política más amplia para desplazar a los palestinos de zonas estratégicas como E-1, considerada clave para la continuidad territorial palestina.
Críticos del proyecto también lo califican como una “carretera de apartheid”, argumentando que restringirá el acceso de vehículos palestinos a cerca del tres por ciento de Cisjordania, dividiendo de facto el territorio y debilitando la viabilidad de la solución de dos Estados.
Además, existe crítica por el hecho de que el proyecto esté financiado con impuestos recaudados de palestinos, mientras sirve principalmente a intereses israelíes.
El proyecto también ha recibido críticas a nivel internacional. En el pasado, países occidentales, incluido Estados Unidos, expresaron su oposición por el temor de que el fortalecimiento del control israelí en el área de E-1 socave las posibilidades de establecer un Estado palestino.


