En la Plaza Davidka, uno de los puntos más concurridos y visibles del centro de Jerusalén, un pequeño grupo de personas sin hogar se reunía durante años en los bancos de piedra y madera repartidos por el lugar. Para ellos, los bancos eran más que un sitio para descansar. Eran un punto de apoyo: para dormir, comer, sentarse, conversar y sentirse parte de la ciudad.
Además de ser un espacio físico, la plaza también funcionaba como un espacio social. Allí se encontraban, intercambiaban información, compartían comida y, a veces, simplemente se sentaban juntos en silencio. Para muchos, era uno de los pocos lugares en Jerusalén donde no se sentían invisibles.
En las últimas semanas, los bancos fueron retirados como parte de trabajos de mantenimiento y reorganización. El área fue limpiada, abierta y rediseñada. Para las personas sin hogar, sin embargo, el significado fue claro: la desaparición del único lugar donde podían permanecer. Algunos ahora deambulan por las calles cercanas, otros se sientan en sillas improvisadas o en las aceras, y algunos simplemente desaparecieron de la zona.
Para muchos de ellos, ir a refugios no es una solución sencilla. Después de meses o años viviendo en la calle, entrar en un espacio cerrado puede generar ansiedad. La pérdida de control, el miedo a entornos desconocidos y la incomodidad entre extraños hacen que esta decisión sea difícil. Algunos se sienten más seguros en los ambientes que conocen, donde los riesgos son previsibles. Otros tienen dificultades para creer que la ayuda a largo plazo sea realmente posible y prefieren permanecer en espacios familiares.
¿Cómo afrontan Jerusalén y las ciudades del mundo la falta de vivienda?
Muchas ciudades del mundo han adoptado distintos enfoques para afrontar la situación de las personas sin hogar. En Nueva York, se utilizan programas de vivienda temporal y acompañamiento personal. En Londres, los centros diurnos abiertos ofrecen comida, duchas y apoyo social. En Berlín, la asistencia social se combina con programas de vivienda a largo plazo. En Helsinki, el modelo “housing first” prioriza la vivienda permanente antes de la rehabilitación. En Tokio, programas especiales de empleo ayudan a las personas sin hogar a reincorporarse al mercado laboral.
En Jerusalén, donde el espacio público es limitado y la complejidad social es alta, el desafío es aún mayor. Para las personas sin hogar, incluso pequeños cambios físicos, como la retirada de bancos, afectan directamente a la rutina, la sensación de seguridad y la posibilidad de permanecer en zonas conocidas.
Entre la Plaza Davidka y otros puntos centrales de la ciudad, muchos ahora se desplazan constantemente, sin un punto de apoyo estable y sin una solución a largo plazo. Para ellos, la calle no es solo un lugar físico. Es un espacio de vida. Cuando se les quita, se quedan sin territorio y sin un lugar claro en la ciudad que consideran su hogar.


